Existe un poder capaz de transformar un ambiente difícil y carente de compañerismo en uno lleno de comprensión y respeto mutuo, gracias a la empatía. En educación, esta es una herramienta valiosa para mejorar la comunicación y el entendimiento entre estudiantes y profesores, disfrutar del proceso de aprendizaje en estas circunstancias facilita el aprendizaje efectivo y la productividad.
Ahora bien , uno de los propósitos presentes en la formación de los futuros docentes es que los espacios educativos no sólo sean ideales para abordar el aprendizaje, sino generadores de habilidades sociales que sirvan para la preparación académica y personal. En este sentido “El aula, en este contexto, se entiende como el espacio privilegiado de aprendizaje en el sistema educativo formal” (Hernández P. et al., 2018, p. 219) Sumado a esto, la empatía, que implica la capacidad de comprender los sentimientos y emociones de los demás (Jaime-Xibixell, 2016) o expresado popularmente como “ponerse en el lugar del otro” es un motivo para ser conscientes de cómo las acciones afectan a quienes nos rodean. Por ello, esta unión evoca que fomentar la empatía entre los estudiantes es clave para lograr un ambiente escolar positivo y propicio para el aprendizaje.
Ahora bien, la empatía no es algo con lo que se nace o sin lo que se nace. Es una habilidad que puede (y debe) cultivarse. Ante escenarios hostiles y cargados de tensiones producto de la violencia escolar o el bullying, la empatía sería el factor que contrarrestaría esa dinámica tóxica que afecta la sensación de seguridad de los estudiantes y que puede afectar permanentemente sus vidas. El docente juega un papel importante en la promoción de conductas empáticas tanto en la relación con sus alumnos como entre ellos. Para lograr este propósito, el docente debe estudiar la situación, establecer normas de convivencia a la luz del respeto, tomar decisiones ante posibles problemas y encontrar soluciones a los mismos, crear estrategias didácticas promoviendo la colaboración, la comunicación y el compañerismo como parte del proceso empático. sentido en el que se pueden basar las acciones entre estudiantes. Por otro lado, como docente debes dar ejemplo de estas conductas empáticas a través de pequeños gestos como validar los sentimientos de un alumno o celebrar los logros de cada uno. Estos detalles marcan la diferencia porque, al final del día, para que los estudiantes absorban el conocimiento de manera óptima, necesitan sentirse seguros de ser ellos mismos. Por el contrario, un estudiante con ansiedad debido a un entorno hostil difícilmente podrá procesar las lecciones de manera óptima, sin importar cuán interesante sea la información que se le imparta.
Imagen: Giménez Gualdo, A. M. (2023). Escuchar a los niños sobre el bullying. Periódico La Razón.
Por tanto, un detalle imprescindible que hay que tener en cuenta porque, como seres humanos diversos, social y emocional por naturaleza, es la educación emocional. Contextualizar este concepto puede condicionar su papel activo en los entornos de aprendizaje. Por ello, gran parte de este hecho es que la empatía es el ingrediente que permite a los estudiantes ser capaces de crear un ambiente escolar positivo y lleno de virtudes tan valiosas como la tolerancia, el perdón y la compasión. Aspectos tan importantes y que actualmente son escasos.
La dimensión de la inteligencia emocional. Según (Hernández P. et al., 2018) quienes desarrollan investigaciones con la realidad de los entornos escolares como marco de referencia, aseguran que las estrategias didácticas son más efectivas desde el punto de vista de la educación emocional para mitigar el abuso y la violencia.


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